Suspensión hidráulica en la práctica

Suspensión hidráulica en la práctica

Suspensión hidráulica en la práctica. La suspensión hidráulica es un tipo de suspensión poco común en el mundo del automóvil. Nunca se utilizó de forma amplia en la producción en serie, pero eso no significa que sea una solución sin valor. Al contrario, puede resultar muy interesante, especialmente en proyectos de modificación y tuning de vehículos. ¿Cómo funciona este sistema y en qué coches merece la pena instalarlo? Descúbrelo a continuación.

¿En qué consiste la suspensión hidráulica?

La suspensión hidráulica es una tecnología moderna que sustituye los amortiguadores tradicionales por cilindros hidráulicos especiales que trabajan junto con una bomba de pistón o de engranajes. En las versiones más avanzadas, el sistema se controla electrónicamente, lo que permite modificar la altura libre al suelo del vehículo en cuestión de segundos.

Orígenes de la suspensión hidráulica

Las primeras soluciones basadas en sistemas hidráulicos aparecieron ya en la década de 1940. Alcanzaron una gran popularidad en Estados Unidos, sobre todo entre los aficionados al tuning. Estos sistemas se utilizaban ampliamente en los llamados lowriders, vehículos con suspensión rebajada que permiten regular la altura de la carrocería y realizar saltos espectaculares.

Como dato curioso, en 1954 la marca francesa Citroën presentó el modelo Traction Avant 15-6 H, el primer automóvil producido en serie equipado con suspensión hidroneumática en el eje trasero.

¿Cómo funciona la suspensión hidráulica en un coche?

En pocas palabras, la suspensión hidráulica funciona gracias al uso de un fluido hidráulico que circula en un sistema cerrado de conductos y válvulas. La presión adecuada, generada por la bomba y los cilindros, permite regular la altura de la suspensión. Además, cada cilindro puede controlarse de forma independiente, algo muy popular en los lowriders estadounidenses.

¿De qué se compone la suspensión hidráulica?

Un sistema completo de suspensión hidráulica incluye los siguientes elementos:

  • Bomba hidráulica: se encarga de generar la presión necesaria para el funcionamiento de todo el sistema.
  • Cilindros hidráulicos: se instalan en cada rueda y sustituyen a los amortiguadores y muelles convencionales. En su interior, el fluido hidráulico controla la altura del vehículo y la amortiguación de las vibraciones.
  • Depósito de fluido hidráulico: almacena el fluido especial que circula por todo el sistema.
  • Válvulas y controladores: regulan el flujo del fluido, ajustando la altura y el comportamiento de la suspensión.
  • Sensores: supervisan la posición del vehículo, la carga, la velocidad y otros parámetros, permitiendo que el sistema se adapte en tiempo real.

Aunque la suspensión hidráulica se considera fiable y eficaz, requiere revisiones técnicas periódicas, especialmente para comprobar la estanqueidad de los conductos y el buen estado de los cilindros.

Suspensión hidráulica: ¿merece la pena?

La elección de una suspensión hidráulica debe depender del uso previsto del vehículo. Para coches claramente deportivos, pensados para la conducción en circuito, es preferible optar por amortiguadores más rígidos o una suspensión roscada. En cambio, para vehículos clásicos que deben combinar una apariencia elegante con un alto nivel de confort en el uso diario, la suspensión hidráulica resulta una opción excelente.

Ventajas y desventajas de la suspensión hidráulica

Las principales ventajas de la suspensión hidráulica son:

  • posibilidad de ajustar de forma independiente la altura de cada eje;
  • mayor estabilidad del vehículo;
  • alto nivel de confort de conducción en cualquier condición.

Suspensión hidráulica en la práctica. Sin embargo, este tipo de sistema también tiene inconvenientes. Entre ellos se encuentran el mayor peso del conjunto, unos costes de mantenimiento más elevados y un precio de instalación alto, que puede alcanzar incluso varias decenas de miles de zlotys.